Las ideas liberales desarrolladas en el siglo XVIII siguen teniendo plena vigencia en el XXI. La libertad individual, el libre mercado, la determinación del valor de las mercancías por su escasez relativa, esto es, ¡por su utilidad marginal!! y no por sus costos, ni mucho menos por "la cantidad de trabajo que contienen"; la restricción del poder del Estado y su transferencia a los ciudadanos, es decir, la implantación radical del Estado de Derecho; la constitución de la Libertad y de la Responsabilidad a partir de la conciencia individual, etc. son ideas tanto ¡o más! vigentes hoy que hace dos siglos. Pero... nunca falta un pequeño pero: para que esa vigencia se mantenga es imprescindible asumir e incorporar a la Ideología Liberal las profundas transformaciones teóricas e intelectuales generadas en estos espectaculares 200 y tantos años que nos separan de Locke.
Seguir aferrados a las ideas del siglo XVIII, creer que el inmenso desarrollo intelectual de estos 200 años es una simple desviación que "cortó" una tendencia natural hacia el Liberalismo; no estar al tanto, o simplemente desentenderse, de las demoledoras críticas con las que cinco gigantes del pensamiento (Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche, Wittgenstein y Heidegger) demolieron hasta sus cimientos más profundos la filosofía dieciochesca, ¡sobre la que se fundó el Liberalismo Clásico! seguir amarrados al pensamiento de Popper, creyendo que éste calzó los puntos de alguno de aquellos cinco grandes; atarse finalmente a la conseja según la cual la Libertad Individual y la Propiedad Privada son derechos naturales, es enterrar al Liberalismo, es condenarnos a ser lo que hoy somos en América Latina, pequeños círculos de creyentes o, a lo sumo, Think Tanks.
Pretender hacer política liberal -y forzosamente hay que hacerla!- en América Latina, con la noción de Libertad Individual del siglo XVIII es poco menos que un autosuicidio.
¿Qué es lo que "nos sale" entonces a los liberales y, sobre todo, a los jóvenes que quieren hacerse liberales? -Dos cosas muy precisas. Primero: empaparnos de esos profundos cambios que ha sufrido el pensamiento occidental en los 200 años de marras. Repetimos hasta el cansancio: no se puede ser liberal hoy -ni liberal ni nada que suponga un pensamiento medianamente serio- sin tener alguna idea, por generalota que sea, del Irracionalismo-Vitalismo de Nietzsche-Schopenhauer, del Existencialismo kierkegaardiano-heidegeriano, del misticismo wittgensteniano, de la Hermenéutica o la Filosofía del Lenguaje desarrolladas a partir de Wittgenstein-Heidegger. Ante este descomunal volumen de pensamiento que echa por tierra, no sólo ni mucho menos a la filosofía del siglo XVIII -y al liberalismo clásico!- sino a todo el pensamiento occidental, incluidos sus dos iconos fundamentales, Platón y Aristóteles; ante este desastre filosófico que le permite hoy a cualquier intelectual actualizado burlarse de la noción de ontología -el concepto supremo de dicha filosofía-, los liberales no podemos seguir aferrados a las ideas del siglo XVIII, a la filosofía moderna, a Locke, Kant, Adam Smith, Hayek o Mises.
Segunda tarea que tenemos por delante: incorporarle a la idea de Libertad Individual las otras dos grandes nociones que parió Occidente, lo que quedó del naufragio: el Amor al Prójimo, aportado por Jesucristo y la noción mística del Bien (ubicada "mas allá del ser", mas allá de toda ontología) aportada por Platón, los dos únicos pensamientos profundos que tuvo Occidente.
Ofrecemos cursos para jóvenes sobre todos estos temas
Pretender hacer política liberal -y forzosamente hay que hacerla!- en América Latina, con la noción de Libertad Individual del siglo XVIII es poco menos que un autosuicidio.
¿Qué es lo que "nos sale" entonces a los liberales y, sobre todo, a los jóvenes que quieren hacerse liberales? -Dos cosas muy precisas. Primero: empaparnos de esos profundos cambios que ha sufrido el pensamiento occidental en los 200 años de marras. Repetimos hasta el cansancio: no se puede ser liberal hoy -ni liberal ni nada que suponga un pensamiento medianamente serio- sin tener alguna idea, por generalota que sea, del Irracionalismo-Vitalismo de Nietzsche-Schopenhauer, del Existencialismo kierkegaardiano-heidegeriano, del misticismo wittgensteniano, de la Hermenéutica o la Filosofía del Lenguaje desarrolladas a partir de Wittgenstein-Heidegger. Ante este descomunal volumen de pensamiento que echa por tierra, no sólo ni mucho menos a la filosofía del siglo XVIII -y al liberalismo clásico!- sino a todo el pensamiento occidental, incluidos sus dos iconos fundamentales, Platón y Aristóteles; ante este desastre filosófico que le permite hoy a cualquier intelectual actualizado burlarse de la noción de ontología -el concepto supremo de dicha filosofía-, los liberales no podemos seguir aferrados a las ideas del siglo XVIII, a la filosofía moderna, a Locke, Kant, Adam Smith, Hayek o Mises.
Segunda tarea que tenemos por delante: incorporarle a la idea de Libertad Individual las otras dos grandes nociones que parió Occidente, lo que quedó del naufragio: el Amor al Prójimo, aportado por Jesucristo y la noción mística del Bien (ubicada "mas allá del ser", mas allá de toda ontología) aportada por Platón, los dos únicos pensamientos profundos que tuvo Occidente.
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